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Incertidumbre moral

La humanidad se encuentra ante una incertidumbre moral provocada en gran medida por la intercomunicación del internet que confronta a los seres humanos, con diferentes formas de ser, pensar y valorar su existencia. Las siguientes reflexiones pretenden exponer la urgencia de construir una reflexión que aborde el paradigma de la comprensión de los valores morales propios y de la alteridad, como condición fundamental para afrontar los retos que debe asumir el ser humano como especie.

LA CONECTIVIDAD DEL INTERNET:

Internet, como la conocemos hoy en día, es una infraestructura de información cuya historia es compleja e implica muchos aspectos: científicos, tecnológicos, organizativos y políticos. No es el interés de este trabajo la evolución de todos los desarrollos tecnológicos que han hecho posible esta revolución que afecta a toda la sociedad, solo se tiene en cuenta, el aspecto más relevante que explica la penetración y expansión exponencial del fenómeno: La conectividad.

El hecho se deriva del acierto del Ingeniero alemán Werner Jacobi, quien en 1958 hizo la primera solicitud de patente para circuitos integrados con dispositivos amplificadores de semiconductores. La integración de circuitos fue conceptualizada por el científico inglés Geoffrey Dummer, a principios de la década de los cincuenta y el primer circuito integrado fue desarrollado en 1959 por el ingeniero Jack S. Kilby a quién se le otorgó el Premio Nobel de Física en el año 2000, por su enorme contribución al desarrollo de la tecnología (Nobel price, 2000). El hecho es de anotar, porque los circuitos integrados han tenido un gran desarrollo a través del tiempo, los microprocesadores controlan múltiples aparatos, desde teléfonos móviles hasta computadoras y el tamaño cada vez más reducido de los chips permite cortas conexiones, bajo consumo y altas velocidades en conmutación.

Otra situación interesante fue la predicción de Gordon Moore en 1965, quien predijo que el número de transmisores por unidad de superficie en circuitos integrados se duplicaría cada año y que la tendencia continuaría en las siguientes dos décadas. Aunque no ha ocurrido exactamente así, en 26 años el número de transistores en un chip se ha incrementado 3200 veces. Al reducirse el tamaño, también mejora la relación costo-beneficio para los usuarios y aunque estas ganancias son aparentemente para el usuario final, existe una feroz competencia entre los fabricantes para utilizar geometrías cada vez más delgadas, por la creciente demanda y nuevas aplicaciones. Cuando se hizo la predicción no existían microprocesadores, inventados en 1971, ni ordenadores personales, popularizados en los años ochenta; la telefonía celular empezó su desarrollo con Martin Cooper en 1971, pero no fue sino hasta 1983 que se puso en marcha el primer sistema comercial en la ciudad de Chicago (Falla, 2006).

Por otro lado, en 1964 Paul Baran tuvo la idea de crear una red con la forma de una enorme telaraña. Se había dado cuenta que un sistema centralizado era vulnerable, porque al destruir su núcleo, se cortan todas las comunicaciones. Creó una topología de malla en la que los datos viajaran dinámicamente buscando la ruta más clara y esperando, en caso de que todas las rutas estuvieran bloqueadas. Esta tecnología se denominó “conmutación de paquetes”. En 1964 APARNET (Agencia de proyectos de investigación avanzados, una división del Ministerio de Defensa de Estados Unidos) financió la red experimental cuyo fin era conectar cuatro universidades: el Instituto de Investigación de Stanford, la Universidad de California de Los Ángeles, la Universidad de California de Santa Bárbara y la Universidad de Utah. APARNET, fue la precursora del internet, uno o más núcleos podían destruirse sin interrumpir su funcionamiento. Se siguieron varios desarrollos y a finales de 1990, Tim Berners-Lee terminó el protocolo HTTP (Protocolo de transferencia de hipertexto) y el protocolo HTML (Lenguaje de marcado de hipertexto) para navegar por las redes a través de hipervínculos. Así nació la World Wide Web, o red informática mundial (Leiner, 1997).

El año 1990, marca el crecimiento exponencial de la conectividad que se torna cada vez más exponencial. En 2014, el aumento de la conectividad fue de 6,6% en todo el mundo (3,3% los países desarrollados, 8,7% los países en desarrollo). Sin embargo, de los 4300 millones de personas que todavía no utilizan internet, 90% viven en países en desarrollo. En los 42 países menos conectados del mundo, en los habitan 2500 millones de personas, el acceso a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) sigue siendo inalcanzable, especialmente para los numerosos habitantes de sus zonas rurales. Según el informe de la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), al final de 2014, casi el 44% de los hogares del mundo tendrían acceso a Internet; en los países desarrollados, 78% de los hogares disponen de acceso a internet, en comparación con 31% en los países en desarrollo y apenas 5% en los países menos desarrollados de las Naciones Unidas (UIT , 2014).

La conectividad de las TIC,  tiene el potencial para mejorar el mundo, especialmente para los más pobres y privados de derechos. Sin embargo, los países desarrollados dominan la producción de contenido en internet, y las inscripciones de nombres de dominio de los países desarrollados representaron 80% de todas las nuevas suscripciones en 2013, mientras que las inscripciones en África representaron el 1%. Con el avance de iniciativas loables como la Nueva Biblioteca Mundial de Ciencias de la Unesco para todo el mundo, surgen alarmantes riesgos de dominación que pueden convertirse en colonización cultural y fuente persistente de desigualdad y discriminación (OBSERVACOM, 2014).

LA INCERTIDUMBRE

El internet, no es solo una herramienta tecnológica de acceso a información; es una matriz que configura las relaciones económicas, políticas, socioculturales, afectivas y valorativas. Se intercambian imágenes, opiniones, sentimientos, saberes extraños, otras formas de pensar y vivir. Esto provoca cuestionamientos a las personas, quienes a su vez interrogan las instituciones: familia, escuela, universidades, iglesias, hospitales, estado.

Consideremos dos de estas instituciones: La familia y la escuela. Los padres de los niños y jóvenes que se encuentran hoy entre los 5 y 18 años, deben estar en un rango de edad de 25 a 50 años. Salvando las diferencias de accesibilidad a las zonas rurales, o marginadas en las grandes ciudades, desde 1995 un adulto, tuvo contacto con la red. Estos padres, aprendieron, exploraron, se maravillaron con las posibilidades de esta revolución silenciosa que penetró su mundo familiar y social. Pasados unos pocos años, las instituciones empezaron a sentir la desestabilización de los fundamentos que guiaban las formas de vivir tradicionales. Hasta hace poco, familia y escuela, tenían en su entorno próximo, un apoyo de validación social para los postulados de su cultura, pero al enfrentar cada día los inmensos flujos de información, su estabilidad, ya fisurada por los medios masivos de comunicación, acabó de romper el cerco protector de las seguridades. Nadie estaba preparado para enfrentar el reto.

Cabe anotar dos situaciones interesantes:

  1. Las Instituciones educativas, en su preocupación por aprovechar las TIC, empezaron a organizar actividades (tareas, investigaciones) que enviaban por correo electrónico; este hecho obligaba a los padres a comprar un ordenador y a conseguir la conectividad. Las familias cuyos ingresos no permitían la adquisición, acudían a salas de internet. Los jóvenes se apropiaron con rapidez la tecnología, mientras los padres tardaban o se negaban a aprender.
  2. Los padres, profesores y jóvenes tuvieron acceso a grandes cantidades de información, imágenes, videos, grupos religiosos, pornografía, venta de drogas, ideologías diversas y toda la empresa de consumo masivo.

Estos hechos trajeron como con consecuencia una dinámica de cambios imparable, entre los que cabe resaltar los siguientes:

  1. Por primera vez, los niños y jóvenes saben cosas que los adultos ignoran, son más hábiles para el manejo de la tecnología y pueden buscar información sin preguntar. Este hecho, fisuró la autoridad de la familia y la escuela. Los saberes, antes dados por la experiencia y lo empírico se han vuelto irrelevantes, vivir más no significa saber más, la experiencia ya no es un valor intrínseco. Los saberes pasan a construirse de forma relacional y los jóvenes cuestionan las afirmaciones de padres y maestros, retan sus opiniones e influyen en varios casos (ecología, reciclaje, tecnologías) sobre el aprendizaje de los adultos.
  2. Los valores familiares y escolares se vieron confrontados con los interrogantes o posiciones de los jóvenes.
  3. Los jóvenes encontraron apoyo en la red para sus intereses y aunque persista el temor al rechazo y a la censura familiar y escolar, se empoderan cada vez más a través de la red, en la cual encuentran todo, desde los hallazgos científicos más sofisticados, hasta las opiniones más descabelladas. En wikihow, se encuentra cómo construir un modelo de la Torre Eiffel y también como elaborar una bomba de la potencia que se desee.
  4. La economía de mercado no tardó en occidentalizar modas, marcas, gustos estéticos, formas de actuar, lenguajes. La homogenización es evidente, aparecen páginas de apoyo como pro-ana (promoción de la anorexia) y pro-mía (promoción de la bulimia), con los pasos para seguir dietas, formas de engaño a los adultos a la hora de comer, procedimientos para regurgitar. Los jóvenes en búsqueda de auto-afirmación, necesitan identificarse con una figura, una idea, un grupo. En internet, en algún lugar, se encuentra el líder o el clan, que valida sus deseos. De la misma manera, aparecen movimientos planetarios de todo tipo, organizaciones ambientalistas, de ayuda a las especies en extinción, de defensa a los derechos de niños, de las mujeres, de poblaciones africanas, de ayuda a los inmigrantes, a los cuales se unen jóvenes y adultos. Si bien sus misiones son muy loables y algunas logran impactar por su poder de convocación y sentido de solidaridad, también grandes poblaciones, se unen por medio de un like, o donando un dólar a la causa, lo cual banaliza los propósitos de las organizaciones y diluye la responsabilidad que nos corresponde a los ciudadanos del planeta. Al decir de Morin: “En época de las telecomunicaciones, de la información, de la internet, estamos sumergidos en la complejidad del mundo, y las innumerables informaciones sobre el mundo ahogan nuestras posibilidades de inteligibilidad” (Morin, 1999).
  5. La incertidumbre acosa a padres y maestros. Se buscan mecanismos de control, filtros para la pornografía, páginas y aplicaciones de control paternal. Contrariamente, la realidad muestra que los mecanismos de control no tardan mucho en ser burlados. Las instituciones educativas han aumentado las asesorías sicológicas, los espacios para escuelas de padres, las advertencias y recomendaciones sobre el manejo del internet, salvo que estos esfuerzos, se han ido al traste con la conectividad desde los móviles.

“Los dioses nos dan muchas sorpresas: lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta” (como se cita en Morin, 1999, p. 86). La cita corresponde a Eurípedes, en el siglo III a.c. y siguiendo las reflexiones de Morin: “Aún no hemos incorporado en nosotros el mensaje de Eurípedes que es esperar lo inesperado” (Morin, 1999). Hasta que un evento como el internet, ha penetrado sorpresivamente todas las instancias de la vida humana, acelerando la velocidad del cambio y derrumbando todas las certezas.

UNA PROPUESTA

El problema de enfrentar las incertidumbres que se ha impuesto como un incordio permanente en la vida de las personas, es una tarea colosal pero inapelable, a la cual estamos abocados todos, todas las instituciones y organizaciones. Pero en el fondo, “nuestra vida individual y social se estructura desde la educación y ésta es el centro de nuestro devenir. El futuro se concibe desde la educación que se ofrece en el presente, aquí y ahora” (Nicolescu, 1996).

“Morin nos plantea que, frente a la incertidumbre y lo imprevisto, frente a la trama compleja de orden, desorden y organización que nos constituye, existe una crisis de entendimiento, y nos propone tratar de resolver esta disociación a través de la reforma del pensamiento” (Instituto de Pensamiento Complejo, 2007). Las Instituciones que directamente influyen, por su propia naturaleza, en la educación de los niños y jóvenes de la futura generación son la familia y la escuela, pero ¿Cómo hacer una reforma, un cambio de pensamiento en la escuela? Para Morin, un cambio de paradigma depende de la revolución propia de la consciencia y nos precisa: “No se puede reformar las instituciones si no se reforman los espíritus y no se puede reformar los espíritus sin reformar las instituciones” (Instituto de Pensamiento Complejo, 2007).

Es el momento de preguntarse, ¿Hay saberes particulares que contribuyan a cimentar una revolución de la propia consciencia, una reforma del espíritu? ¿Hay saberes más privilegiados que otros, para reflexionar sobre cómo enfrentar la incertidumbre? Si la respuesta fuera afirmativa, volveríamos al encasillamiento de las disciplinas, porque todas contribuyen a formar las múltiples dimensiones del ser humano. Minimizar las tensiones de la vida que en este momento sufre el planeta, pasa como lo dice Morin, por una reforma del pensamiento, lo que se puede hacer desde cualquier disciplina. Esta aclaración se hace necesaria porque la siguiente reflexión es solo un ejemplo, una posibilidad que va más allá del saber, pero que pasa por la profundidad del saber. Se propone, abordar la incertidumbre desde la ética y para ello se debe ilustrar que se entiende por ello.

Hace relativamente poco tiempo (en Colombia, desde 1994), la ética empezó a aparecer en los planes de estudio de las instituciones educativas, como una asignatura que en sus inicios competía con la religión, en algunos casos, y en otros la remplazaba. Las escuelas acomodaron la nueva exigencia dentro de las clases de filosofía, o la compartieron con la clase de religión, o construyeron proyectos transversales que incluían una “reflexión ética” en algunas asignaturas de las llamadas humanidades. A la asignatura (en Colombia) se le dio el nombre de Educación ética y formación en valores y las instituciones plantearon problemas frente a los cuales el estudiante debía aprender unos comportamientos determinados. Promover actitudes que se consideran más humanas que otras es una tarea moral, y se configura sobre una concepción de humanidad, sea religiosa o secular. Sin embargo, hay que percatarse que la ética es filosofía moral y que la moral democrática no es una alternativa a la religión, sino un modo de vida que requiere aprendizaje (Cortina, 1996).

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por trazar lineamientos conceptuales y políticos para el estudio de la asignatura (en Colombia desde 1998), se espera que el profesor de ética, oficiando de moralista, presente unos problemas candentes e intente determinar cómo obrar en tales casos, mientras que otros profesores se refugian, de forma aséptica, en la historia de la ética (Cortina, 1996). De otro lado, la organización escolar con sus conocimientos fragmentados, estimula el desinterés, si no la apatía hacia la reflexión de los eventos que suceden en la cotidianidad escolar. Los conocimientos de las diferentes disciplinas no ubican su información en un contexto, por lo tanto, se mantienen en el discurso. Los jóvenes tienen la sensación de que eso que aprenden en la escuela, no pertenece al mundo de la vida, además, cada maestro enseña diferentes saberes sin ninguna relación y perciben que la reflexión moral no les corresponde, esa es tarea del profesor de ética.

“No es tarea de la ética indicar a los hombres de modo inmediato qué deben hacer…, el tránsito de la moral a la ética implica un cambio de nivel reflexivo, el paso de una reflexión que dirige la acción de modo inmediato a una reflexión filosófica, que sólo de forma mediata puede orientar el obrar” (Cortina, 1996). Es decir, en la escuela, las normas, los procedimientos, los manuales de convivencia, lo que guía las costumbres cotidianas, constituyen la moral, indispensable para guiar los actuares y enfrentar los problemas inmediatos; la reflexión filosófica sobre esas costumbres es lo que corresponde a la ética y por ello, no es inmediata, no puede ser ecléctica, tampoco es una moral institucional, la ética como teoría filosófica de la acción, tiene que ocuparse de lo moral, no de una moral. Por ende, una reforma del pensamiento pasa por una reflexión filosófica de la acción y en lo que interesa a esta deliberación, de las prácticas educativas. Por consiguiente, como las prácticas escolares no solo las llevan a cabo los profesores de ética, corresponde a directivos y docentes, propender por una reflexión filosófica sobre las costumbres que se llevan a cabo cotidianamente.

Ahora bien, ¿Quiénes planean y ejecutan las prácticas escolares? Quienes establecen las disciplinas sobre el cuerpo, las categorías que se utilizan para dirigirse a un estudiante, las formas de control, los lenguajes para distinguir los géneros, los ritos que celebra la institución y en fin todas las actividades del día a día, son los docentes. Interrogar las acciones implica interrogarse por su constitución de sujeto, por las ideologías que lo cruzan, por la forma como aprendió. Al decir de Morin, “el auto-examen crítico nos permite descentrarnos relativamente con respecto de nosotros mismos, y por consiguiente reconocer y juzgar nuestro egocentrismo. Nos permite dejar de asumir la posición de juez en todas las cosas” (Morin, 1999).

La reflexión filosófica sobre el propio actuar, es un posible camino para reformar el pensamiento en la escuela. Descubrirse internamente en la propia reflexión, influye en la conducta desde la propia conciencia y voluntad. Es el primer paso para empezar a trabajar la “ética de la comprensión, que es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada… la ética de la comprensión pide argumentar y refutar en vez de excomulgar y anatemizar… si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas” (Morin, 1999).

Un cuerpo docente que se comprende, puede comprender. Un cuerpo docente reflexivo puede aceptar la incertidumbre, no solo la que ha propiciado el internet, sino la historia, el conocimiento, la condición humana. Comprender propicia un vivo interés por el bien de los niños que le han sido confiados, comprender predispone a trabajar con determinación por su futuro.  Al final, el sentido de vida de un maestro consiste en no escatimar esfuerzos en abrir a sus estudiantes, la mayor cantidad de ventanas posibles, desde las que el joven pueda escoger cómo construir su propio sentido de vida.

La revolución informática podría llevarnos a compartir conocimientos entre todos los seres humanos que cimentara una riqueza para todos, pero no podemos olvidar la economía que mercantiliza y coloniza para su provecho el ciberespacio. Comprender, nos posibilita proponer, construir, edificar, hacer surgir lo nuevo y lo positivo. (Nicolescu, 1996).

REFLEXIONES FINALES:

  1. Los desafíos planetarios que enfrenta el mundo son gigantescos, si bien afrontarlos necesita de la reflexión y la reforma de pensamiento en todos los sistemas transnacionales, económicos, políticos, empresariales, educativos; cada uno debe hacer lo que le corresponde. Es decir, actuar. La escuela, no puede seguir desentendiéndose de dichos desafíos, ni los docentes seguir encerrados en sus prácticas disciplinarias, en una asepsia moral sin compromiso con las futuras generaciones.
  2. Son los directivos de las instituciones educativas, los líderes que guían los procesos educativos y las prácticas pedagógicas. La responsabilidad que les atañe no pueden diluirla en instancias políticas, ni en la sociedad civil, ni en el estado. Su liderazgo les exige responsabilidad ante los desafíos que les plantea la actualidad, son los directos responsables de la formación de la comunidad educativa.
  3. Lo padres, agobiados por las exigencias del presente y la incertidumbre del futuro, tienen como apoyo inmediato a la institución educativa. Es responsabilidad de la escuela la construcción de la comunidad educativa, para apoyar y apoyarse.
  4. La Universidad formadora de educadores tiene la obligación moral de revisar sus currículos, hacer una profunda reflexión filosófica de sus prácticas y proponer nuevos horizontes.

Es el sistema educativo en su totalidad, el responsable de plantear soluciones y gestionar su aplicación. Si bien es cierto, la humanidad se encuentra ante inminentes peligros de muerte y destrucción, también es cierto que en contrapartida cuenta con una conciencia que ya no es local sino planetaria. La decisión de actuar es ahora, porque al decir de Nicolescu, mañana puede ser demasiado tarde.

OLGA SANCHEZ
DIRECTORA ACADÉMICA

BIBLIOGRAFÍA

Cortina, A. (1996). Ética mínima. Madrid: Tecnos S.A.

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Instituto de Pensamiento Complejo. (Julio de 2007). Acerca de nosotros: Ipcem.net. Obtenido de Ipcem.net Web Site: http://ipcem.net/edgar-morin-y-la-reforma-del-pensamiento/

Leiner, B. M. (1997). internetsociety. Obtenido de internetsociety Web site: https://www.internetsociety.org/es/breve-historia-de-internet/

Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paris: Unesco.

Nicolescu, B. (1996). La transdisciplinariedad. México: Multiversidad Mundo Real Edgar Morin.

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OBSERVACOM. (30 de Noviembre de 2014). observacom . Obtenido de observacom web site: http://www.observacom.org/estudiointernet/

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