Los grupos extracurriculares de Danza, Teatro, Tuna Andina, Arte y la Banda Marcial Musical forman seres humanos capaces de mirar al otro con respeto, comprender sus emociones y actuar con solidaridad. En este sentido, la visita de los estudiantes al ancianato se convierte en una experiencia pedagógica que permite unir el arte con la sensibilidad humana.
Cuando nuestros niños y jóvenes llegan a un ancianato para presentar una obra de teatro, compartir una danza, interpretar melodías, cantar o simplemente conversar con los adultos mayores, ocurre algo mucho más importante que una presentación artística: se produce un encuentro entre generaciones. Los estudiantes descubren que detrás de cada rostro hay una historia, una familia, recuerdos, aprendizajes y muchas experiencias que merecen ser escuchadas y valoradas.
Estas visitas permiten que los estudiantes comprendan que no todas las personas tienen las mismas oportunidades de recibir compañía, afecto o atención. Al compartir un momento con los adultos mayores, pueden aprender a reconocer sus necesidades, escuchar con paciencia y ofrecer una palabra amable, una sonrisa o un gesto de cariño.
Las artes y la música desempeñan aquí un papel fundamental. La danza, el arte, la música y el teatro dejan de ser solamente actividades escolares para convertirse en instrumentos que permiten regalar emociones, construir vínculos y transmitir mensajes de esperanza y alegría.
Es aquí en donde la sensibilidad se construye a través de experiencias. La mirada humana de los niños ante la mirada perdida, jocosa y amorosa de un abuelito los sensibilice y muestren que no son simplemente artistas que llegan a presentar un espectáculo. Son niños y jóvenes que llevan su talento para compartir, aprender y dejar una huella de alegría. Y, al mismo tiempo, regresan a su Colegio de los Andes con una enseñanza que ningún libro puede transmitir por sí solo: la importancia de mirar al otro con humanidad.
